Reseña: Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, cuando la ira lo invade todo

La mirada de Mildred Hayes es capaz de aplastarte como lo haría un martillo. El rencor la invade, la ira conduce sus acciones. La vida le pesa demasiado y no es para menos, violaron y mataron a su hija. Han pasado siete meses del crimen y no ha tenido respuestas de las autoridades sobre los culpables. Lejos de victimizarse y dejarse superar por las circunstancias, asume una batalla directa contra ellos: manda a instalar tres avisos a las afueras del pueblo ficticio de Ebbing, alusivos al asesinato, en los que señala al jefe policial de inacción en el caso.

Esta es la historia que nos narra Martin McDonagh, director y guionista de la película Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, nominada en siete categorías de los premios Óscar: mejor película, mejor actriz, dos de sus actores a mejor actor de reparto, mejor guion original, banda sonora y montaje.

Frances McDormand es la protagonista y el alma de la cinta. La actriz estadounidense de 60 años conmueve y aterra, a partes iguales, con esa dura y tosca apariencia con la que se presenta el personaje, que contrastan con los poquísimos instantes de debilidad que se permite. El director británico, conocido en el mundo como autor de obras de teatro que han sido representadas en más de 39 países, escribió la historia pensando estrictamente en McDormand. A su juicio, ninguna otra mujer sería capaz de encarnar sin sentimentalismos a esta madre que solo busca justicia.

 

Su interpretación de una agente embarazada en Fargo, dirigida por su esposo Joel Cohen y su hermano, Ethan, le valió un Oscar a mejor actriz en 1996. Con esta misma pareja de cineastas debutó como actriz en la cinta Blood Simple, también la ópera prima de los Cohen.

Por Three Billboards, ya se alzó con el Globo de Oro, un Bafta y un SAG Award, siendo nuevamente la gran favorita en los Óscar. Y por si fuera poco, en 2011 ganó un Premio Tony a la mejor actriz principal en una obra de teatro por la producción de Broadway, Good People.

 

La acompañan Sam Rockwell, quien interpreta al oficial Jason Dixon, su contraparte. Racista, borracho e impulsivo, abandonado por su padre y criado por una madre dominante y problemática. Él es quien le lleva la contraria a Mildred la primera mitad de la película, hasta que determinadas circunstancias lo hacen escarmentar y unirse a la causa de esta mujer, como una carta que le deja su mentor, el sheriff Willabouth, interpretado por Woody Harrelson, a quien se le dan bien los policíacos, recordando su participación en True Detective. En esencia, no es alguien malo y se siente culpable por no haber resuelto el caso de la joven Angela Hayes. Es un peso quizá más grande que la posibilidad de su propia muerte por cáncer de páncreas terminal. Su presencia en la trama es decisiva para crear consciencia en Mildred y Jason hacia el final de la película: solo el amor es capaz de sacar lo mejor de nosotros, de acercarnos a la esperanza de ser lo que realmente deseamos.

 

Hechos reales inspiraron esta película. McDonagh viajaba en autobús por un pueblo al sur de Estados Unidos, hace 18 años, y observó en la vía varios avisos como los que se ven en Three Billboards Outside Ebbing, Missouri. Luego de reflejar en sus dos primeras cintas (In Bruges, 2009; Seven Psychopaths, 2012) personajes masculinos muy intensos, sintió la necesidad de crear una figura femenina fuerte, capaz de llegar hasta las últimas consecuencias por conseguir su objetivo.

 

Ante las críticas que ha recibido sobre plasmar en la historia el racismo, el machismo o la discriminación, respondió que son parte de los ambientes rurales y que, en todo caso, para él lo importante es contar la verdad de sus personajes, la lucha que estos emprenden. Incluso, cada vez que escribe un guion lo hace con música, tratando de recrear el tono y los lugares en los que conviven los personajes.

McDonagh no es un novato en el mundo de la Academia: ganó su primera estatuilla en 2005 por su cortometraje Six Shooter. Nació en Inglaterra y desde la adolescencia tuvo que subsistir por sus propios medios, con ayudas sociales y trabajos menores, cuando sus padres dejaron Londres y se regresaron a Irlanda, su país de origen. Siempre soñó con dedicarse a la literatura y a la escritura de obras, aunque no fue hasta 1996 cuando comenzó a tener reconocimiento con el premio del Círculo de la Crítica Teatral británica al dramaturgo más prometedor, por su ópera prima The Beauty Queen of Leenane.

 

Mientras avanza la historia de la película, vemos cómo se desarrolla la espiral de odio. Acción-reacción, la venganza cobra fuerza y los protagonistas intentan calmar la furia… con más furia. En cierto punto de la película, la motivación de los personajes consiste en vencer al otro –con más violencia como respuesta, por supuesto—y queda en segundo lugar resolver el asesinato. No hay buenos muy buenos ni malos muy malos en Ebbing. Los personajes están lleno de matices, cada arrebato tiene su origen en un pasado traumático. “Es difícil lograr un cambio hasta que empaticemos un poco más y veamos el otro lado, o veamos por qué las personas han llegado a determinada situación”, refirió el director en una entrevista a medios extranjeros.

El tema que refleja la película podría hacer de la misma un producto denso, difícil de digerir. Una tragedia en potencia. Causan el efecto contrario los diálogos irónicos, a veces crueles entre los protagonistas, envueltos en un humor negro presente en muchas de las escenas más importantes, dándole un aura de tragicómica a la cinta. “El humor nos ayuda a liberarnos de la oscuridad”, defiende McDonagh.

Three Billboards Outside Ebbing, Missouri describe lo inútil que es aferrarse al odio y a la rabia. Los protagonistas están tan cegados por esos sentimientos al principio que son incapaces de tomar en cuenta el valor de la existencia. Cuando caduca la ira, solo queda el cansancio.

Deja un comentario

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.